Hay películas que intentan adaptar un videojuego copiando personajes, escenas o momentos concretos. Y luego está Resident Evil, que da la sensación de haber tomado otro camino. Yo llegaba a ella con una situación bastante peculiar: he jugado poco a los juegos, apenas tengo presente el lore y tampoco recuerdo demasiado las películas anteriores. En otras palabras, llegaba casi como un espectador nuevo. Y quizá por eso me ha sorprendido tanto lo bien que me lo he pasado.

Acción, terror y humor negro
Lo primero que me llamó la atención fue lo entretenida que resulta. La película mezcla acción, tensión, terror, momentos de supervivencia y un humor negro que, al menos en mi caso, ha funcionado muy bien. Entiendo que habrá espectadores a los que ese humor no les encaje, pero a mí me pareció un buen contrapunto para aliviar la tensión cuando la historia lo necesita. La película navega constantemente entre esos dos registros y, en general, consigue mantener el equilibrio.
También ayuda mucho el trabajo del protagonista. Su presencia hace que el ritmo fluya y que los cambios de tono no resulten bruscos. En ningún momento tuve la sensación de estar viendo una película pesada. Es verdad que hay una parte intermedia que se me hizo un poco más larga que el resto, pero nunca hasta el punto de desconectarme de lo que estaba ocurriendo.

La sensación de estar dentro de un videojuego
Lo que más me ha gustado, sin embargo, es algo más difícil de explicar. Tengo la sensación de que la película no está tan obsesionada con contar una historia concreta del universo Resident Evil como con reproducir las sensaciones que asocio a este tipo de videojuegos. Todo está orientado a que parezca que estás dentro de uno.
La dirección juega un papel fundamental ahí. La colocación de la cámara me llamó mucho la atención porque constantemente parece pensar en cómo se vería una situación desde un videojuego. Hay momentos que recuerdan a una perspectiva en primera persona, otros a una cámara situada detrás del personaje, y en general la puesta en escena transmite esa sensación de estar avanzando por un escenario interactivo.

A eso se suman muchos elementos reconocibles del género: la gestión de recursos, la sensación de quedarte sin balas, la búsqueda de objetos que te permitan seguir avanzando, las criaturas, las armas o las propias situaciones de supervivencia. Incluso sin ser un gran conocedor de la saga, había algo familiar en todo ello. No porque estuviera identificando referencias concretas, sino porque la película conseguía transmitir la experiencia de estar jugando.
Banda sonora y gore
La banda sonora también contribuye bastante a esa inmersión. Hay varios momentos en los que la música trabaja muy bien con lo que ocurre en pantalla para aumentar la tensión o reforzar determinadas escenas. Es uno de esos apartados que quizá no destacan de forma evidente mientras la ves, pero que ayudan mucho a que todo funcione.
Por supuesto, también hay gore, momentos más salvajes y algunas muertes que encajan perfectamente con el tono que busca la película. Todo forma parte de una propuesta que me ha parecido sorprendentemente fresca dentro de un género que muchas veces acaba repitiendo fórmulas.

Conclusión
No puedo valorar hasta qué punto esta es una adaptación fiel al lore de Resident Evil, porque sencillamente no tengo el conocimiento suficiente para hacerlo. Lo que sí puedo valorar es si funciona como película. Y desde ese punto de vista, la experiencia me ha resultado muy positiva. Me ha entretenido, me ha divertido, me ha mantenido dentro de la historia durante prácticamente todo el metraje y, sobre todo, me ha dado la sensación de que entendía perfectamente qué quería hacer. Y lo que quería hacer, al menos conmigo, le ha salido bastante bien.


