Crítica Street Fighter: una sorpresa noventera con mucho cariño por los videojuegos

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Una adaptación imperfecta, pero con mucho más corazón del que esperaba

Reconozco que los tráilers de la nueva película de Street Fighter no me habían dejado precisamente con muchas esperanzas. Había motivos para desconfiar, pero, para mi sorpresa, he terminado disfrutando bastante más de lo que esperaba. No estamos ante una película perfecta, ni mucho menos, pero sí ante una adaptación que demuestra bastante cariño por el universo de los videojuegos y que entiende que, cuando hablamos de Street Fighter, no todo tiene que ser realista, serio o coherente.

Ryu con su kimono blanco y su cinta roja en Street Fighter

Fui muy fan de la saga durante su época de mayor esplendor en los años noventa. No soy de los que llevan décadas jugando regularmente a cada nueva entrega, pero guardo un recuerdo especial de aquellos personajes, sus combates y unas melodías que forman parte de la historia de los videojuegos. Y creo que precisamente desde esa nostalgia se disfruta mejor esta película.

Porque lo que propone es una adaptación exagerada, colorida y muy noventera, cargada de referencias que conectan tanto con los juegos como con el anime y, por supuesto, con aquella película de 1994 protagonizada por Jean-Claude Van Damme. La nueva versión no reniega de ese legado ni intenta convertirlo en una película de acción convencional. Abraza buena parte de lo que hace reconocible a Street Fighter, con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

Ken con su kimono rojo saludando a una multitud en Street Fighter

Lo que funciona

Uno de sus mayores aciertos está en los flashbacks de anime. Son sencillamente sublimes y remiten directamente a aquella película animada de los años noventa que tantos recordamos con cariño. Es una de las mejores formas de conectar con el imaginario de la saga y, además, demuestra hasta qué punto la estética del anime forma parte de su identidad.

Un Hadoken cargado de energía azul en una escena de Street Fighter

La música también juega a favor de la película. Recuperar melodías míticas de Street Fighter II es un regalo para quienes crecimos con aquellos juegos. Y las coreografías, por lo general, funcionan bastante bien cuando asumen la exageración propia de los combates de la franquicia. Aquí no hace falta que todo resulte físicamente creíble: lo importante es que los enfrentamientos tengan personalidad y transmitan la energía de los videojuegos.

Combate cuerpo a cuerpo con un puño en llamas en Street Fighter

Lo que no termina de encajar

Eso no significa que todo funcione. El CGI resulta irregular y hay momentos en los que canta demasiado. Curiosamente, esa artificialidad también puede tener cierto encanto, porque encaja con una propuesta que nunca pretende desprenderse del todo de su naturaleza de videojuego. El problema es que no siempre queda claro dónde termina la exageración buscada y dónde empiezan las limitaciones de la película.

Blanka con su piel verde y melena naranja en Street Fighter

También hay altibajos con el tono. La mezcla de humor, situaciones disparatadas y momentos que pretenden ser más serios no siempre encuentra el equilibrio, y eso termina afectando al ritmo. Algunos personajes funcionan mejor que otros: Guile, Blanka y Dhalsim me han convencido, mientras que Bison no consigue imponer tanto como debería y Vega me parece bastante desaprovechado. Cammy tiene una presencia visual muy reconocible, aunque en ocasiones la película lleva su exageración demasiado lejos.

Guile al volante con Dhalsim de copiloto en Street Fighter

Y después está el desenlace. El tramo final se siente atropellado, como si la película tuviera prisa por llegar a su conclusión. Se quedan cosas por desarrollar y habría agradecido que algunas peleas y determinados enfrentamientos tuvieran más espacio para respirar.

Veredicto

Aun con todo, el balance es positivo. Me lo he pasado bien y creo que la película ofrece bastante más de lo que hacía presagiar su promoción. No tiene una historia especialmente redonda, arrastra problemas de ritmo y está lejos de ser una adaptación impecable, pero sí demuestra un cariño por el material original que se agradece.

Personalmente, me parece una propuesta más satisfactoria que la película de 1994, sobre todo por cómo incorpora el lore y las referencias de la saga. Eso sí, hay que entrar sabiendo qué tipo de película es y aceptar que su apuesta por la exageración forma parte de su personalidad.

Chun-Li mirando por encima del hombro en Street Fighter

Si eres fan de Street Fighter y vas con la mente abierta, creo que merece una oportunidad. No todas las adaptaciones de videojuegos tienen que convertirse en grandes películas de acción: a veces basta con que entiendan qué hace especial a su universo y consigan que disfrutes durante el camino.

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