Crítica: ‘El Día de la Revelación’. El regreso de un Spielberg más maduro pero con la magia intacta.

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Steven Spielberg ha vuelto. Y ha vuelto recordándonos por qué sigue siendo uno de los grandes genios de la historia del cine. Pero ojo, no el Spielberg de E.T., Indiana Jones o Jurassic Park. Ese Spielberg quedó atrás hace tiempo. Este es un Spielberg más maduro, más reflexivo, diferente. Y quizá eso desconcierte a quienes esperan volver a encontrarse con el director de los años 80 y 90.

Porque si algo sigue teniendo Spielberg es la capacidad de hacerte sentir cosas. De sentarte en una butaca y conseguir que te emociones, que se te haga un nudo en la garganta o que salgas del cine con esa sensación tan difícil de encontrar hoy en día.

El Día de la Revelación

El día de la revelación parte de una premisa fascinante: el día en que la humanidad descubre de forma definitiva que no estamos solos. Una historia que además conecta inevitablemente con toda la conversación actual sobre fenómenos aéreos no identificados, secretos gubernamentales y la posibilidad de que ciertas verdades estén más cerca de salir a la luz de lo que pensamos.

Ahora bien, la película tiene un problema. Dura unas dos horas y veinte minutos y creo sinceramente que parte de ese recorrido podría haberse condensado. Hay momentos donde la cocción es muy lenta y donde Spielberg se toma demasiado tiempo para colocar determinadas piezas. A mí no me molestó especialmente porque entro de lleno en este tipo de historias, pero entiendo perfectamente que parte del público más casual pueda sentir que la película tarda demasiado en arrancar.

De hecho, durante buena parte de ese tramo llegué a pensar que la recepción iba a ser más divisiva de lo que esperaba. Pero entonces llega el último acto.

Y ahí Spielberg recuerda quién es.

El Día de la Revelación

Los últimos 45 o 50 minutos son una auténtica barbaridad. No porque haya explosiones constantes ni porque todo se convierta en un espectáculo visual, sino porque consigue algo mucho más difícil: hacerte sentir. Construye un final emocionante, desgarrador, espectacular y profundamente humano. Un final que juega contigo, con tus expectativas y con tus emociones de una forma magistral.

Y es precisamente ahí donde entiendes por qué sigue siendo Spielberg. Porque pocos directores son capaces de hacer que salgas del cine pensando más en cómo te has sentido que en los defectos que has visto durante el camino.

Además, la película está sostenida por un apartado técnico extraordinario. La dirección es impecable, el montaje tiene momentos brillantes, la fotografía acompaña perfectamente el tono de la historia y la banda sonora de John Williams vuelve a ser una pieza fundamental. Puede recordar en algunos pasajes a otros trabajos suyos, pero sigue teniendo esa capacidad de elevar cada escena y darle alma.

Y luego está el reparto. Emily Blunt está absolutamente espectacular. Es una actuación llena de matices, emoción y fuerza. Colman Domingo también está fantástico, pero para mí ella juega directamente en otra liga dentro de la película.

El Día de la Revelación

Por eso creo que El día de la revelación funciona también como una reivindicación de este Spielberg más adulto. Ya no es el cineasta que revolucionó el blockbuster moderno en los años 80 y 90. Ya no es aquel director que estrenó Jurassic Park y La lista de Schindler el mismo año. Pero sigue siendo uno de los pocos autores capaces de tocar algo dentro del espectador que otros simplemente no alcanzan.

Y cuando una película consigue que salgas emocionado, feliz y con la sensación de haber vivido algo especial, es difícil no perdonarle ciertos excesos de metraje.

El Día de la Revelación

Para mí es una de las mejores películas que he visto este año. Tiene algunos problemas de ritmo, sí. Pero las emociones que me ha dejado pesan mucho más que sus defectos.

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